En 2009, el año en que se conmemorará el 200 aniversario de su nacimiento y los 150 desde la publicación de El Origen de las Especies, también se construirá, en honor del gran científico, una réplica del Beagle que revivirá su viaje de exploración alrededor del mundo.
Detrás de esta idea está un diverso grupo formado por amantes de la navegación, académicos y herederos de las teorías científicas cuyo germen fue el famoso viaje de Darwin por ambas costas de Suramérica, las islas Galápagos, Tahití, Nueva Zelanda, Australia, Tasmania, la isla de Keeling, Mauricio, Brasil y las Azores. La idea es contribuir a la divulgación y la inspiración científica.
El nuevo Beagle se parece al antiguo en poco más que la forma y el nombre. Estará dotado con modernos laboratorios científicos y equipos audiovisuales para producir material educativo y divulgativo.
Durante su periplo, el velero acogerá dos proyectos estables sobre ADN y aproximadamente 50 equipos de investigación rotatorios (en los que se integrarán, junto a los científicos responsables, pequeños grupos de profesores y estudiantes) que realizarán trabajos de corta duración en las diferentes etapas del viaje.
En cuanto a los proyectos permanentes, Karen James, investigadora del Museo Británico y directora científica del proyecto Beagle, explica que se recogerá, analizará y clasificará el ADN de las especies encontradas en la ruta, y, en colaboración con la NASA, se tomarán muestras de agua marina para estudiarlas y compararlas con imágenes de satélite y de la Estación Espacial Internacional. El objetivo es estudiar la respuesta biótica de las aguas superficiales de los océanos al problema del cambio climático.
A su vuelta, el barco seguirá al servicio de la ciencia y la educación. Peter McGrath, impulsor del proyecto, espera “ver el velero navegando alrededor de la costa británica durante muchos años, motivando a estudiantes a introducirse en el mundo de la navegación y la ciencia, y acogiendo proyectos audiovisuales educativos”.
El primer viaje
El objetivo del viaje al que Darwin se sumó como naturalista y geólogo sin sueldo era estudiar las costas de la Patagonia y Tierra del Fuego, cartografiar con mayor detalle las Costas de Chile, Perú y algunas islas del Pacífico, y llevar a cabo observaciones cronométricas.
Pero el talento del investigador ya era más que patente, y su capacidad de observación le hizo notar, sorprendido, que ciertos fósiles de especies supuestamente extintas recordaban a especies vivientes en una zona geográfica concreta.
También descubrió cómo los pinzones y tortugas de las Islas Galápagos, provenientes del continente, habían tomado formas distintas en cada una de las islas que formaban el archipiélago, a pesar de compartir las mismas condiciones climatológicas y geológicas. Así se planteó la cuestión sobre los enlaces entre especies distintas pero similares.
En aquel momento, Darwin aún no sabía qué mecanismos estaban detrás de la evolución que constataba. Pero él mismo lo explicaría, años después: “(…) Me dio la impresión de que estos hechos aclaraban el origen de las especies, ese misterio de misterios (…)”.
Sus obras El viaje del Beagle, de 1839 (cuaderno de bitácora durante su aventura), y El viaje de un naturalista alrededor del mundo en el HMS Beagle, de 1845, resumen sus descubrimientos científicos y ofrecen su visión social, política y antropológica sobre la gente que conoció.
Durante los cinco años que duró el viaje, de los cuales pasó dos tercios en tierra, Charles Darwin estudió y tomó muestras de diversas formaciones geológicas, fósiles y organismos vivos, y coleccionó metódicamente toneladas de muestras de especies y rocas. Muchas de ellas eran completamente nuevas para la ciencia, y mantuvieron al Museo de Británico ocupado durante unos años.ç
Pero, además, su viaje a bordo del Beagle también fue el germen de otros importantes trabajos científicos, como la teoría sobre la formación de los atolones de coral. Cristiano ortodoxo en su juventud, Darwin evolucionó gradualmente hacia el deísmo y terminó su vida siendo ateo.


