Antonio Gamoneda asegura que los arqueólogos y antropólogos han «descuidado bastante el estudio del lenguaje»
Para empezar nada más lógico que visitar el territorio de lo iniciático, volver sobre lo fundacional y profundizar en «una constante sobre el nacimiento de la palabra». El autor de 'Sublevación inmóvil' prefiere hablar de escritura en lugar de obra; sostiene con firmeza que «muchos autores no los hice míos porque simplemente no me interesaron» y confiesa su «preocupación permanente sobre el valor germinal que pueda tener en el lenguaje los inicios de la palabra, la propia aparición de la palabra».
Antonio Gamoneda traza esta semana en La Magdalena un itinerario interpretativo y lúcido del hecho poético estructurado en una densa crónica en la que afloran el germen lingüístico; los imprecisos límites de algunos terrenos históricos; la gran inflexión en la poesía culta; el problema de la globalización poética y el autorretrato como «poeta provinciano y desclasificado», según su definición. En realidad, la comparecencia académica del Premio Cervantes es fruto de una visión que huye de los manuales, asume contradicciones y contrastes y se sostiene de forma sólida en un ejercicio absolutamente personal: «frente a la manera canónica de entender la poesía», su itinerario por el lenguaje y el pensamiento refleja cómo el poeta «hace suya la tradición poética».
Gamoneda, una de las voces incluidas en una extensa selección del arte y la literatura que ha tenido como inspiración el vino, reunida en el último número de la histórica revista 'Litoral', traslada hoy su testimonio a la tribuna de los Martes Literarios.
Aunque subraya sus «inexistentes capacidades didácticas», el autor de'Libro de los venenos' convierte el aula en un riguroso campo minado donde las palabras explotan en pensamientos pausados y juicios profundos, valoraciones subjetivas y reflexiones críticas: «los antropólogos y arqueólogos tienen bastante descuidado el estudio de la aparición del lenguaje. En realidad siempre se ignora la finalidad de la poesía».
Pese a la gravedad del tono, el poeta más premiado en los últimos años saca a relucir ante sus alumnos su sentido del humor y sus ironías sobre su persona: «soy un poeta mediano pero como sordo soy perfecto». Gamoneda, para quien la poesía «no es temática en sí misma», subraya en todo momento que «creación es revelación» y reivindica ese latido de lo desconocido: «el principio generador, más sólido y esencial que proporciona la consistencia de la poesía y la única manera de que tenga importancia en el conjunto de los hechos humanos».
Existencial, no ornamental
En este sentido, con rotundidad, Gamoneda hizo hincapié en que «la poesía no es ornamental, sino existencial. Si fuera ornamento o divertimento yo no estaría en ella. La poesía es emanación de vida».
El autor de 'Arden las pérdidas', que ultima sus memorias, las cuales podrían ver la luz en unos meses, sigue haciendo «poesía» desde un «sufrimiento real» e insiste en que el poema «es antes sensible que inteligible».
En su perfil del ADN del poema Gamoneda acumula referencia a lo polisémico, a la originalidad profunda, a la energía y lo sorpresivo, a ese decir algo que desconocemos. El creador alude al «relámpago del poema y a las palabras envolventes que conducen a él». Cita a Federico García Lorca, a Juan Gelman y Juan Larrea y recalca que «en el interior de la poesía son posibles los hechos que no lo son en su exterior».
La palabra poética «nace de un impulso que es de naturaleza musical, pero los contenidos, las significaciones están en mí, pero quizás yo no soy consciente de ello». Es esa «percusión, ese impulso musical de la palabra» el que llevado más allá o desarrollado, le proporciona el discurso poético. «No conozco, sin embargo, realmente mi pensamiento poético hasta que no me lo dicen mis propias palabras ya escritas. Esa es la manera de entenderme o desentenderme de las palabras». Gamoneda vuelve sobre el poder de la revelación y destaca cómo la palabra poética y su valor de creación acompañan al hombre.
Al mirar a Altamira, por ejemplo, mientras los científicos se detienen en la interpretación ornamental, el poeta reclama la atención sobre «la palabra creada que tiene su reflejo escritural en las pinturas primitivas».
Autor: GUILLERMO BALBONA
Fuente: El Diario Montañés
Antonio Gamoneda traza esta semana en La Magdalena un itinerario interpretativo y lúcido del hecho poético estructurado en una densa crónica en la que afloran el germen lingüístico; los imprecisos límites de algunos terrenos históricos; la gran inflexión en la poesía culta; el problema de la globalización poética y el autorretrato como «poeta provinciano y desclasificado», según su definición. En realidad, la comparecencia académica del Premio Cervantes es fruto de una visión que huye de los manuales, asume contradicciones y contrastes y se sostiene de forma sólida en un ejercicio absolutamente personal: «frente a la manera canónica de entender la poesía», su itinerario por el lenguaje y el pensamiento refleja cómo el poeta «hace suya la tradición poética».
Gamoneda, una de las voces incluidas en una extensa selección del arte y la literatura que ha tenido como inspiración el vino, reunida en el último número de la histórica revista 'Litoral', traslada hoy su testimonio a la tribuna de los Martes Literarios.
Aunque subraya sus «inexistentes capacidades didácticas», el autor de'Libro de los venenos' convierte el aula en un riguroso campo minado donde las palabras explotan en pensamientos pausados y juicios profundos, valoraciones subjetivas y reflexiones críticas: «los antropólogos y arqueólogos tienen bastante descuidado el estudio de la aparición del lenguaje. En realidad siempre se ignora la finalidad de la poesía».
Pese a la gravedad del tono, el poeta más premiado en los últimos años saca a relucir ante sus alumnos su sentido del humor y sus ironías sobre su persona: «soy un poeta mediano pero como sordo soy perfecto». Gamoneda, para quien la poesía «no es temática en sí misma», subraya en todo momento que «creación es revelación» y reivindica ese latido de lo desconocido: «el principio generador, más sólido y esencial que proporciona la consistencia de la poesía y la única manera de que tenga importancia en el conjunto de los hechos humanos».
Existencial, no ornamental
En este sentido, con rotundidad, Gamoneda hizo hincapié en que «la poesía no es ornamental, sino existencial. Si fuera ornamento o divertimento yo no estaría en ella. La poesía es emanación de vida».
El autor de 'Arden las pérdidas', que ultima sus memorias, las cuales podrían ver la luz en unos meses, sigue haciendo «poesía» desde un «sufrimiento real» e insiste en que el poema «es antes sensible que inteligible».
En su perfil del ADN del poema Gamoneda acumula referencia a lo polisémico, a la originalidad profunda, a la energía y lo sorpresivo, a ese decir algo que desconocemos. El creador alude al «relámpago del poema y a las palabras envolventes que conducen a él». Cita a Federico García Lorca, a Juan Gelman y Juan Larrea y recalca que «en el interior de la poesía son posibles los hechos que no lo son en su exterior».
La palabra poética «nace de un impulso que es de naturaleza musical, pero los contenidos, las significaciones están en mí, pero quizás yo no soy consciente de ello». Es esa «percusión, ese impulso musical de la palabra» el que llevado más allá o desarrollado, le proporciona el discurso poético. «No conozco, sin embargo, realmente mi pensamiento poético hasta que no me lo dicen mis propias palabras ya escritas. Esa es la manera de entenderme o desentenderme de las palabras». Gamoneda vuelve sobre el poder de la revelación y destaca cómo la palabra poética y su valor de creación acompañan al hombre.
Al mirar a Altamira, por ejemplo, mientras los científicos se detienen en la interpretación ornamental, el poeta reclama la atención sobre «la palabra creada que tiene su reflejo escritural en las pinturas primitivas».
Autor: GUILLERMO BALBONA
Fuente: El Diario Montañés
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